“Mi disfrute diario es mi empresa” Fructuoso López, presidente y fundador de Joma Sport

Joma Sport cumplió en 2016 medio siglo de historia. Una efeméride que llega en un momento dulce para la compañía toledana, que se sitúa en el podio del fútbol mundial tras la apuesta, en los últimos años, por el mercado de las equipaciones. Sin embargo, la trayectoria de esta firma no está exenta de dificultades, tal y como reconoce su presidente y fundador, Fructuoso López.

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¿Qué representa para usted este cincuentenario?

Después de cincuenta años, siento una enorme satisfacción. Llegar hasta aquí es, sin duda, un hito importante. Y estoy satisfecho por los éxitos alcanzados, en un camino que no ha resultado fácil, porque hemos atravesado tiempos difíciles que se han alternado con otros que han sido exitosos. Pero entiendo que vivir periodos más favorables y etapas más adversas es algo inherente a las empresas.

En su infancia, ¿ya alimentaba ese espíritu empresarial? ¿Pensaba usted en fundar una compañía y convertirla en una empresa de éxito?

Mi infancia estuvo marcada por mis orígenes, pues a pesar de que, en el fondo, podía albergar ese sentimiento ambicioso, era una época en la que los recursos eran escasos. Le diré que, en mi quinta, éramos treinta y tres muchachos. De ésos, solo dos pudieron ir a la escuela con regularidad. Y yo no era uno de esos dos privilegiados, sino que, como la mayoría, hacía de todo menos acudir de manera frecuente a la escuela. Lo que sí tenía claro en esos momentos es que, lo que hiciera en la vida, lo haría por mi cuenta. No quería trabajar por cuenta ajena.

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«Mientras cumplía el servicio militar, empecé a trabajar por las tardes en un taller de reparación de calzado»
Y fue así que, desde muy joven, decidió establecer su propia empresa.

Lo hubiera hecho antes de no haber sido porque tenía pendiente el servicio militar. Tenía ganas de crear mi propia empresa, pero entendía que no tenía sentido iniciar la actividad para suspenderla durante el servicio. En Portillo ya había hecho mi aprendizaje en el sector del calzado. Pero fue en Madrid, cumpliendo precisamente la “mili”, que empecé a trabajar por las tardes en un taller de reparación de calzado. Posteriormente, pasé a desempeñar el trabajo en la fábrica, donde se producían botos camperos y botas de fútbol. Al poco tiempo, le propuse al dueño que me dejara fabricarlos en mi casa, argumentándole que le resultaría más económico.

¿Consiguió convencerle?

Sí. Me ofreció quince pares de hormas y una máquina de coser Singer Y fue así como habilité una habitación de casa de mis padres, de unos veinte metros, como proveedor de Calzados Marcos. La primera partida que salió de esa factoría doméstica se componía de una veintena de pares que sirvió para pagar las hormas y la máquina de coser; al margen de obtener un pequeño beneficio que me permitió comprar pieles y otros materiales para fabricar la siguiente partida, donde ya obtuve ganancias netas.

Estamos hablando de 1965.

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Así es. Enseguida decidí incorporar a Joselito Nombela, un profesional que estuvo trabajando conmigo hasta hace un año. Y, al poco tiempo, contraté a una chica. Eran años en los que no había tecnología alguna, pues todas las piezas de la bota de fútbol las cortábamos a mano. Cabe señalar, además, que en esa época poca gente utilizaba botas de fútbol.

«Rodeado de cajas, pensaba en cómo conseguiría venderlas…»
Aun así, usted fue expandiendo el negocio.

Sí, porque esa habitación quedó pequeña y decidí comprar una fabriquita en Fuensalida, en 1967. Fue un paso arriesgado, y la gente me decía que si sabía dónde me estaba metiendo… Esa nave, de unos quinientos metros cuadrados, me costó unas 612.000 pesetas a pagar en 35 letras. Y poco después me di cuenta que en la nave se iban acumulando más pares de los que podía vender. En ocasiones me permitía alguna siesta en la propia fábrica y, rodeado de cajas (tal vez un millar), pensaba en cómo conseguiría venderlas…

Pero salió adelante.

Busqué salidas. Una de ellas fue contratar a un comercial que empezó a vender las botas en la zona de Andalucía. Pero como el fútbol no resultaba suficiente para alimentar la fábrica, pensé en crear una nueva línea de calzado. Pero no estaba preparado y tuve que acudir a Elda para conseguir hormas, que es la base fundamental del zapato. Ahí conseguí unas hormas a mi gusto y logramos desarrollar una línea de calzado que se empezó a vender bastante bien. Recuerdo que se las vendíamos a los detallistas a 105 pesetas.

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Aquella no fue una etapa demasiado prolongada.

No, porque siempre pensaba en deporte. Siempre he sido muy deportista, practicando distintas disciplinas; en especial atletismo y fútbol. El atletismo siempre ha sido el deporte más asequible, y en él he encontrado la medicina y la relajación necesaria para compensar los momentos de estrés o de abatimiento que te puede generar el trabajo. Salir a correr por el campo siempre me ha resultado altamente terapéutico.

Tengo entendido que sigue practicando.

Nunca lo he abandonado. Suelo salir unas tres veces por semana, a razón de nueve o diez kilómetros por sesión. No he practicado el deporte de competición, y solo he participado en la San Silvestre Toledana. Eso sí: en casi todas las ediciones; y ya van treinta y siete. He faltado en dos, ambas por lesión; aunque estuve presente como espectador. Y lo pasé bastante mal, porque oír el disparo de salida y ver cómo no podía sumarme a los corredores… Mi última ausencia fue en 2014, por un problema de rodilla. Pero ahora procuro protegerla y este 2016 he podido participar en ella.

Alguien debió alimentar en usted este amor por el deporte.


IMG_0382No recuerdo a nadie en especial. Solo sé que, desde pequeño, empecé a practicar deporte y que siempre me ha gustado. Y una de mis características es que ando deprisa. También he jugado a fútbol, con el Portillo. Era extremo izquierda.

Sospecho que usted sería el mejor equipado del Portillo…

En esa época fabricábamos una bota en la que le poníamos un tope en la punta y quemábamos la suela para conseguir una mayor dureza. Era una bota de media caña, que cubría los tobillo. Un modelo que, por aquel entonces, era de lo más moderno. Siempre hemos procurado estar a la altura de los tiempos y ofrecer productos para practicar el deporte al máximo nivel. Poco después, llegaron a nuestras manos unas zapatillas de deporte que eran revolucionarias. Cuando ya había empezado en esta actividad, las zapatillas eran de piel y apenas se practicaba deporte. Y, en cambio, esos nuevos modelos estaban fabricados con productos más blandos. Incorporamos ese nuevo tipo de calzado a nuestra oferta, en una época en la que, en fútbol, acaparábamos en torno al 17% del mercado español. Durante cuatro años incluso estuvimos por encima de Adidas. En esa época Nike apenas reunía un 4% de esa categoría.

¿Estamos hablando de la época de los ochenta?

Efectivamente. En ese momento gozábamos de la confianza de los mejores jugadores de nuestra Liga, como Emilio Butragueño, Rafael Martín Vázquez, Txiki Begiristain… Después, esas marcas multinacionales han arrasado en el fútbol a través de agresivas estrategias de marketing. Pero Joma, desde la humildad, revolucionó el mercado de las botas, llevando el color al calzado de fútbol.

Accede al contenido completo de la entrevista en Diffusion Sport nº 489

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